Ayer se inició una discusión muy interesante en twitter con respecto al uso de whatsapp en el trabajo. Todo comenzó a raíz de este tweet de Javier Santana:

“Se nos llena la boca con la productividad pero te das una vuelta por cualquier sitio donde haya unos cuantos desarrolladores y no falla la ventana de WhatsApp o Telegram en la mayoría de pantallas 🤔”

Como era de esperar, al poco rato aparecieron rápidamente defensores y detractores de su uso.

Por ejemplo, muchas personas consideran su empleo poco menos que un derecho:

“O sea que tener WhatsApp abierto es sobre pasar la libertad que deberías tener en la empresa? Cuál es esa “libertad” hasta dónde podemos separarnos de la pantalla?”

Y otras, sin embargo, lo ven como un problema que va más allá del ambiente laboral;

“Es un problema social! Debemos hacer un esfuerzo extra para ser productivos, vivimos en el mundo de la multitarea y los captadores de atención por todos los lados. Ser productivo cada día es un mayor reto cultural”

Yo particularmente me inclino mucho más hacia la segunda vertiente por los motivos que explicaré a continuación.

El primero creo que es el más evidente. Igual que nunca defenderé el uso del correo laboral una vez concluida la jornada, tampoco puedo estar de acuerdo en tener la ventana de whatsapp abierta durante el trabajo. No hablo de que el trabajo sea una cárcel y entiendo su uso puntual, pero de ahí a convertirlo un hábito creo que dista mucho.

Probablemente seguir tirando del hilo nos llevaría a preguntarnos los motivos de que suceda ésto, por ejemplo, la dificultad para conciliar la vida laboral y la personal, pero no me gustaría profundizar tanto en este punto. Soy de los que creen que muchas veces pecamos de exigir derechos y a menudo nos olvidamos de las obligaciones que acarrean y, en este caso, defender el uso de una herramienta claramente enfocada a la vida personal durante el tiempo que te están pagando por trabajar no me parece coherente ni maduro.

La otra razón, y que va en relación directa con la primera, es que es imposible estar 100% enfocado en una tarea si cada breve espacio de tiempo desvías tu atención hacia la conversación que transcurre en otra ventana. Lo mismo me vale para el correo o cualquier herramienta de atención proactiva. Hay cientos de artículos que explican la incapacidad del ser humano para trabajar bajo condiciones de multitarea. Los deportistas de élite hablan a menudo de un estado de maxima concentración (“la zona”), similar a la que muchas veces alcanzamos mientras estamos escribiendo código o desarrollando cualquier otra tarea: el nivel de enfoque y concentración es tan alto que el resto de lo que sucede alrededor pasa a un tercer plano. Y eso, estaréis de acuerdo conmigo, es incompatible con tener una parte de la mente ocupada con el sonido de la notificación de whatsapp. Lo vemos en las cenas cuando alguien coge el móvil y desaparece completamente durante unos instantes.

En resumen, no encuentro una razón que justifique el hábito de dejar whatsapp en una pestaña y, mucho menos, defender que sea compatible con la productividad salvo que deseemos tender a una sociedad con un alto índice de déficit de atención.

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Entre paseo y paseo con Simba desarrollo en Symfony y React

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